Rosa Albert
Liderazgo con propósito y el amor propio como ancla.
ENTREVISTAS
Versátil Magazine
2/7/20262 min read




















Por Amaxy Moreno. Foto: Roberto Valbuena. H/M: Miguelangel Duque. Vestuario: Gonzalo Calderón
Directora regional de los hoteles Provident en el sur de Florida, encarna un liderazgo que trasciende la gestión hotelera para convertirse en una filosofía de vida basada en el servicio, la resiliencia y el amor propio. De origen peruano, su vocación nació en la infancia, al visitar a su padre -figura clave en la hotelería- en Estados Unidos. "Veía lo grandioso que eran los hoteles y cómo él vivía para servir; sin saberlo, ahí comenzó todo", recuerda.
Más allá de los logros profesionales, su historia está marcada por la superación personal. Convive con fibromialgia y ha atravesado pérdidas profundas, desafíos que transformó en fortaleza espiritual. "Decidí darle la vuelta a la enfermedad y pelearla todos los días", comparte. Su fe ha sido un sostén esencial: "Cuando uno se entrega y aprende a amarse, los obstáculos pasan a un segundo plano".
Para Rosa, el amor propio se practica estableciendo límites y buscando balance en una profesión demandante. "Si yo no me valoro, no me cuido y no me atiendo, no voy a poder dar el 100%", afirma con claridad. Hoy, en plena sintonía con la edición Self Love de Versátil Magazine, Rosa Albert confirma que liderar también es saber detenerse, escucharse y volver a empezar con propósito y fe.


Formada en hotelería en un Perú políticamente convulso y con una industria incipiente, Rosa construyó una carrera sólida desde la base. Inició en alimentos y bebidas, escalando desde host hasta directora de banquetes y luego al área de ventas, donde lideró aperturas y equipos galardonados en cadenas como Sheraton y Wyndham. "No hay paso que haya dado en mi carrera que no lo haya conversado con mi padre", afirma, reconociéndolo como mentor principal.
En los años 90, cuando la dirección de banquetes era un terreno casi exclusivo de hombres, Rosa se mantuvo firme frente a prejuicios. "Decían que ese trabajo era para caballeros, pero mis ganas de demostrar que podía hacerlo eran más fuertes", expresa.
Aquella determinación la convirtió en una de las pocas mujeres liderando grandes operaciones hoteleras en su época.












