Catalina Acosta Vázquez

Inocencia de una niña, fortaleza de un gran corazón.

ENTREVISTAS

Versátil Magazine

8/9/20262 min read

Debido al historial familiar de retinoblastoma bilateral, sus padres sabían que existía la posibilidad de la enfermedad y que requería un seguimiento especial. A los dos meses de nacida, los estudios confirmaron el diagnóstico.

"Es un shock. Sientes que el mundo se te va", expresa su madre al recordar cuando recibieron la noticia. Aunque mantenían la esperanza de que no se confirmara, la detección temprana permitió iniciar un tratamiento con quimioterapias intraarteriales y el acompañamiento de especialistas en Puerto Rico.

Durante ese proceso, la Sociedad Americana Contra el Cáncer de Puerto Rico se convirtió en un apoyo fundamental. "No tenía conocimiento porque en el tiempo de mi mama ella no tuvo esa oportunidad. Llame y me ayudaron con hospedaje, transportación y asuntos que el plan médico no cubría", comparte, resaltando cómo ese respaldo hizo el camino más llevadero.

A pesar de los tratamientos y las visitas médicas, Catalina es una niña llena de alegría. En el preescolar canta, baila, dibuja y disfruta de cada etapa de su infancia. "Ella sigue siendo una niña normal", dice su familia con orgullo, destacando que nunca ha permitido que la enfermedad limite sus sueños. Incluso durante sus tratamientos compartía su sonrisa con otros niños.

La llegada de Catalina transformo la forma en que sus padres miran la vida. "Uno a veces no le coge aprecio a los detalles, a la familia, a la misma salud", reflexiona su madre. Hoy viven agradecidos por cada instante.

A otras familias que atraviesan una experiencia similar les deja este mensaje: "El camino puede ser duro y difícil, pero con fe en Dios, siendo positivos y sin perder la esperanza, se puede salir adelante".

Catalina y su familia demuestran que una enfermedad no define el destino. Como resume su madre: "Mientras tengamos un corazón que valga, no existe afección que nos defina".

Por Amaxy Moreno. Fotos: Roberto Valbuena

Una pequeña guerrera que ha demostrado que la valentía también puede tener rostro de niña. Su sonrisa, fortaleza y alegría han acompañado a su familia en uno de los caminos más inesperados de sus vidas. Un testimonio de amor, fe y esperanza.

Junto a sus padres, Catalina ha enfrentado un diagnóstico que llegó desde sus primeros meses de vida y que, con su valentía y alegría, ha transformado la manera en que su familia entiende la esperanza.

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