Cuando el cerebro aprende el dolor ...
también puede aprender a aliviarlo
ESTILO DE VIDA
Versátil Magazine
8/8/20262 min read



















Por Dr. Víctor Avíles
Hace algunos años, una paciente llegó a mi consulta para recibir hipnosis clínica. Antes de comenzar, me hizo tres preguntas: «¿Es segura?», «¿Y si no puedo salir del trance?» y «¿Diré cosas que no quiero?». Sonreí porque esas inquietudes son mucho más comunes de lo que imaginamos. Le expliqué que la hipnosis clínica no implica perder el control; es un estado natural de atención focalizada que utilizamos con fines terapéuticos.
Con el paso de las sesiones ocurrió algo que transformó su manera de experimentar el dolor. Comprendió que, aunque el dolor era real, el cerebro podía aprender una forma diferente de responder a él.
Como parte del tratamiento, aprendió una sencilla técnica de autohipnosis en la que imaginaba un control de volumen. En cada práctica visualizaba cómo ese volumen descendía gradualmente, disminuyendo la intensidad del dolor sin negar su existencia.
La ciencia nos recuerda que el cerebro posee una extraordinaria capacidad para aprender, adaptarse y transformarse. Cuando comprendemos ese potencial dejamos de ser simples espectadores de nuestro sufrimiento y comenzamos a convertirnos en protagonistas de nuestro bienestar.
En cada edición de esta columna seguiremos descubriendo cómo la mente, las emociones y el cuerpo dialogan entre sí. Veremos cómo ese conocimiento puede convertirse en una poderosa herramienta para vivir mejor. Los invito a acompañarme en este recorrido en que la ciencia y la experiencia clínica e integrativa se encuentran para comprender el extraordinario potencial del ser humano.


Hoy sabemos que esto ocurre porque el cerebro no solo recibe señales del cuerpo; también las interpreta a partir de emociones, recuerdos, creencias y expectativas. Por eso, dos personas con una misma afección pueden experimentar el dolor de maneras muy diferentes.
La hipnosis clínica aprovecha esa extraordinaria capacidad del cerebro para modular la percepción del dolor y disminuir el sufrimiento asociado. No sustituye los tratamientos médicos ni cura enfermedades, pero puede complementar el manejo del dolor físico y emocional. Además de reducir la ansiedad y el estrés, favorece una mejor calidad de vida.






